Gospodi (Señor)

Señor Dios, cómo te amo!

Dios mío, cómo te amo!

Te amo, Señor. Amo tus arbolillos,

Amo tus florecillas, amo tus arroyos,

amo tus montañas.

Señor, amo todo lo que has creado.

Te amo, Señor.

Sentirse un hijo de Dios

La felicidad más grande en la vida, es la consciencia de sentirse al menos una vez hijo de Dios, abrigado en el seno del eterno. Al menos una vez, sentirse en ese primer candor, esa primera inocencia. Pero, para ello, primero debéis reparar todas vuestras faltas del pasado, pagar vuestras deudas, y al mismo tiempo intentar identificaros cada vez más con vuestro Yo superior, con vuestro espíritu, para acordaros de lo que fuisteis en el pasado lejano. Es entonces cuando llegaréis a sentiros purificado y entraréis en gracia, como un verdadero hijo de Dios. El espíritu siempre es inocente, y es acercándoos a él como llegaréis a reencontrar vuestra inocencia.